Observación nocturna - XV Jornadas Públicas de Astronomía

Asistentes observando desde un equipo refractor de 120 mm

Observación nocturna de las XV Jornadas públicas

La noche del día 12 de octubre, coincidiendo con la fiesta nacional, se celebró la jornada de observación nocturna. Esta actividad, enmarcada dentro del programa de las XV Jornadas Públicas de Astronomía, quedó fuera del calendario de las fiestas de Miguelturra por cuestiones logísticas y de organización.

El lugar de observación tuvo que ser modficado a última hora, de manera que la observación no pudo ser realiza dentro de la plaza de toros, sino en la parte trasera de la misma.

La noche se presentó muy nublada y la calidad del cielo no permitió realizar una observación adecuada. En numerosas ocasiones hubo que esperar a que pasaran bandas nubosas para poder observar determinados objetos celestes y aún así, la atmosfera presentaba mucha humedad, por lo que todos los objetos se presentaban difuminados y oscuros.

 

Además, la noche también se presentó muy fresca. Ambos factores incidieron muy negativamente en la afluencia de público al evento. A diferencia de ediciones pasadas, en esta ocasión tan solo acudieron una treintena de personas, principalmente familias.

La luna fue la protagonista indiscutible de la noche, pues aún con la neblina y con una imagen difusa, esta se presentaba en los diferentes equipos de manera muy impactante. Grandes y pequeños, novatos y asíduos, disfrutaron con la observación lunar.

El resto de objetos observados fueros estrellas dobles y cúmulos estelares, pues nebulosas y galaxias se presentaban casi inapreciables. Así pues, Mizar, Albireo, Almach y Epsilon Lyrae soprendieron a los asistentes al descubrir que dichas estrellas no estaban solas, sino que gozaban de compañia en el universo.

El doble cúmulo de Perseo, mucho más debilitado de lo normal, también consiguió alguna exclamación, aunque exigía paradas en la observación, pues fue uno de los objetos más afectados por las bandas nubosas. Con este objeto algunos observadores pudieron experimentar cómo "desaparecían" las estrellas más débiles con las nubes.

La observación terminó muy pronto, pues los más pequeños acusaban el frío y los parones entre las observaciones hicieron que la jornada no resultara fluida y todo lo amena que hubiera podido ser. Aún así, la gente se marchó contenta y agradecida y nosotros nos retiramos con el sabor agridulce de haber podido hacer mucho más, pero con la gratitud de los asistentes.